Los 300… españoles que salvaron Budapest

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Europa, toda la cristiandad occidental, temblaba ante el turco que había penetrado una vez más hasta casi su corazón, que seguía clavado, cual mal puñal, en su espalda.
Desde 1684 una alianza cristiana europea intentaba frenar a los otomanos en su nuevo avance hacia el corazón de Europa.
La alianza se había mostrado ineficaz ante los muros de Buda, de manera que para verano de 1686 los turcos seguían dueños de la ciudad.
Buda en la época
Aquel verano de 1686, 74.000 soldados de distinta naciones cristianas europeas se agrupaban ante sus puertas para luchar juntos.
Entre ellos había 300 soldados de los Tercios españoles enviados desde Flandes por Carlos II «el hechizado», por entonces rey de España. Entre ellos destacaban los hermanos Manuel y Baltasar López de Zúñiga y sus primos  Juan Manuel López Pacheco y Jose Antonio Zúñiga.
Los 300 españoles eran voluntarios ostentando todos, por decisión y juramento voluntario propios, el rango de soldados rasos, costeando además de su pecunio la expedición. Matar moros, combatir al turco, defender nuestra Santa Fe, no era una cuestión de rangos para los españoles de entonces, sino obligación moral y sagrada.
Los turcos se habían hecho fuertes en la fortaleza de Buda, resistiendo eficazmente a dos duros asaltos, uno el 27 de julio y otro el 3 de agosto. Parecía que, ante la sin duda la valentía y tenacidad turca, no había manera, cundiendo la desmoralización entre los cristianos.
D. Manuel de Zúñiga

A la vista de tan desesperante tesitura, y ante la posibilidad de que se cejara en el empeño, los españoles se presentaron al alto mando de la alianza y les ofrecieron un plan consistente en que se cambiasen los emplazamientos de las piezas de artillería disponibles, así como de sus objetivos. La cosa era que, Manuel López de Zúñiga, duque de Bejar, aparentemente un simple soldado raso, había sido Mariscal de las tropas españolas en Flandes, por lo que algo sabía de batir muros, de conquistar ciudades, de ganar combates y de alcanzar victorias.

Si funcionaba el plan español y se lograba abrir brecha y con ello tener la oportunidad de lanzar un nuevo asalto, los españoles pedían a cambio… no otro reconocimiento que el de ser ellos, los 300, los primeros en penetrar por ella en punta de vanguardia del resto de tropas; es decir, de ser ellos, y no otros, los que arremetieran contra los algo más de 2.000 soldados de élite turcos que debían encontrarse al otro lado de los muros.
La incredulidad general sobre la bondad del plan, pero más aún la arrogancia con que fue presentado, lo que suponía de acusación de ineptitud para el mando de la alianza y el reto que con todo ello se planteaba a los demás, suscitó en los mandos y tropas aliados allí presentes un nada disimulado encono contra ellos, así como no poca ganas de que los españoles fracasaran y recibieran lo que consideraban que sería justo castigo a su soberbia; así como una derrota que los escarmentara si es que alguno sobrevivía. Por lo que el plan fue aceptado más por ésto que por aquéllo, pues se dudaba de su viabilidad.
Sorprendentemente, la nueva distribución de la Artilleria y la mejor elección de sus objetivos, logró al poco que se viera clara la oportunidad de una nueva ocasión de asalto al apreciarse en la muralla de la fortaleza una angosta brecha.
El 2 de septiembre de ese año de Nuestro Señor de 1686, los 300 españoles de nuestros siempre gloriosos Tercios, sin dudarlo un segundo, llegado el momento, se lanzaron sin vacilar por la pequeña abertura de la  fortaleza de Buda. Los 2.000 soldados turcos con los que toparon representaban una proporción de seis a uno. El combate fue encarnizado. Sin  dar cuartel al enemigo. La lucha fiera. La carnicería espantosa. El cuerpo a cuerpo la única forma de combate. La mortandad por ambas partes se la pueden imaginar (Manuel de Zúñiga murió en el combate, su hermano Baltasar sobrevivió). Pero la victoria quedó asegurada, de forma que detrás de los españoles pudieron penetrar los demás conquistando la fortaleza, de manera que hoy podemos asegurar que aquel día la actual Budapest fue liberada por el valor y la pericia de los mismos de siempre, como lo habían hecho sus bisabuelos en Viena o en Lepanto antes.
En homenaje a los 300 españoles que liberaron Budapest

En aquella brecha, aquel 2 de septiembre, lucharon y murieron defendiendo la Fe y, aún casi sin saberlo, para construir una Europa sólo atisbada en el horizonte aún lejano, aquellos 300 españoles, soldados rasos por propia decisión, procedentes de todas las regiones de España, pues los había catalanes, castellanos, valencianos, vascos y aragoneses, sin distinción, prietas sus filas, unidos en la más gloriosa hermandad que puede existir que no es otra que la de defender con la vida nuestra Santa Fe y civilización cristiana, al tiempo que escribir más páginas de gloria para España, algo que, por desgracia, ahora parece imposible por las décadas de falsedades disolventes que han prodigado en nuestra patria unos mal nacidos, con la ayuda de muchos ignorantes y de no pocos idiotas.

En memoria de tamaña hazaña, hay en Budapest un parco, pero emotivo monumento que, si eres español y pasas por aquella ciudad, debes visitar, colocar unas flores a sus pies y rezar una oración por el buen y eterno descanso de aquellos 300, por desgracia tan olvidados en España como muchos otros hoy.

4 replies on “Los 300… españoles que salvaron Budapest”

  1. tra que la de defender con la vida nuestra Santa Fe y civilización cristiana, al tiempo que escribir más páginas de gloria para España, algo que, por desgracia, ahora parece imposible por las décadas de falsedades disolven

  2. tra que la de defender con la vida nuestra Santa Fe y civilización cristiana, al tiempo que escribir más páginas de gloria para España, algo que, por desgracia, ahora parece imposible por las décadas de falsedades disolven

  3. tra que la de defender con la vida nuestrtra que la de defender con la vida nuestra Santa Fe y civilización cristiana, al tiempo que escribir más páginas de gloria para España, algo que, por desgracia, ahora parece imposible por las décadas de falsedades disolvena Santa Fe y civilización cristiana, al tiempo que escribir más páginas de gloria para España, algo que, por desgracia, ahora parece imposible por las décadas de falsedades disolven

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